Lo primero que debemos tener en cuenta es que la
aurora a la que se refiere la expresión no es el nombre de mujer, sino al
momento que precede inmediatamente a la salida del Sol. Hay muchas versiones
sobre el origen y según al historiador que se consulte encontraremos una
explicación o versión diferente, pero eso sí, todas tienen como denominador
común que proviene de un rosario que se hace de madrugada, sobre las cinco, y
en procesión por las calles.
Una de las explicaciones más extendidas es que en
Cádiz existía una cofradía a la que llamaban “el Rosario de la Aurora” por su
costumbre de alargar el rezo del Rosario hasta altas horas de la madrugada. En
una ocasión, el alguacil prohibió sus rezos debido al escándalo que hacían por
la calles. Los cofrades se negaron, e intervino la fuerza pública. Parte de los
vecinos se pusieron de parte de los cofrades y empezaron a arrojar a los
policías cosas desde las ventanas. La policía entró en las casas desalojando a
los vecinos hasta la Plaza Mayor, donde se lió otra.
También se comenta que en un pueblo de Cádiz,
algunos lo localizan en Espera, existía una cofradía conocida como el Rosario
de la Aurora. Sus componentes salían en procesión de madrugada, rezando el
rosario a la luz de un farol. Pero, al igual que los cofrades, abundaban por
las noches los camorristas. Y hubo una madrugada en que los devotos se cruzaron
con un grupo que los provocó de tal manera que la cosa acabó a golpes.
Otra versión parecida, y muy extendida, cuenta que durante la
procesión se encontraron en las calles del pueblo dos hermandades enemigas. Como
ninguna de las dos querían ceder el paso a la otra, se organizó una tangana. Por ello, una señora le dió una fuerte patada en los genitales al
cura, provocándole la muerte. Hay que imaginarse que en aquella época, la
Iglesia no iba a aceptar que se hiciera público que el fallecimiento de un cura
fuera provocado por una patada en la entrepierna, de ahí que se cambiara el
acta de defunción.
Desde entonces, el dicho acabar como el rosario
de la aurora expresa el desenlace agitado, normalmente llegando a las manos, de
cualquier asamblea o reunión.
En el museo de Cádiz hay un cuadro de José García Ramos que representa la
escena de las dos cofradías peleando entre ellas.

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